¿Y? ¿esta es la puta vida?

siete roncolas al hilo pueden no parecer suficiente.
no lo son, en definitiva. no hay un remedio mejor que otro: pisco, gin, vodka, whisky, michelada y borgoña incluído (por qué no). ¿importa? sólo para la anécdota. esa anécdota imprescindible para contársela sólo, y sólamente, al nieto. condictiosinecuanon (peñadixit). la máquina del tiempo no tiene tiempo. el otro -que otro dijo- que no es el otro.
una buena canción de nirvana. que no es lo mismo que dylan. el gran dylan re-loaded. una canción cruda que sirva como música incidental. que llene el vaso alcóholico donde no cabe la palabra.
eso es lo que importa. el wurlitzer borracho -incoherente también- que acompaña cuando no puedes más. ese que cuesta recordar a la mañana siguiente, pero que deja el sabor, el borroso buqué, de haber hecho una patética historia.
¿Y? ¿esta es la puta vida? ¿el atasco en el hoyo? ¿la palabra renegada? ¿la moneda nauseabunda antes del amanecer? respuesta: no me acuerdo, y si me acuerdo no lo hice. otros, los otros, se encargarán de recordarnos (a medias, claro).
en la décima octava ronda da lo mismo, desmiéntanme si pueden. el terremoto viene con varias réplicas y yo estoy sin paracaídas, en llamas antes de acostarme, en llamas dominicanas, cubanas, panameñas. en flamas finalmente, coño.
en la tristeza das-ron, en la alegría, ron-das. el sonido familiar de los hielos derritiéndose confirma que, tras varios intentos, no queda más que este momento.
este momento en que la puta vida tiene algo -ojo, sólo algo- de sentido.

